domingo, 22 de agosto de 2010

Prueba de Fe


Era tarde, mucho después de la hora de salida habitual de las clases. El instituto estaba completamente desierto y nuestra clase era la única que quedaba. Un extraño ruido nos heló a todos el corazón. Era una triste voz que procedía del exterior. La voz pedía socorro. Sin duda era la de una mujer joven. Nos asomamos por la ventana y presenciamos una escena de lo más sobrecogedora. La mujer era perseguida por una extraña sombra. La sombra parecía como si estuviera viva, pues a cada paso que la joven daba, ésta la seguía. Al poco de llegar a nuestra aula, la sombra maldita atrapó a la muchacha. Lo que parecía las manos de aquel ser se convirtieron en cuchillas y a cada golpe que le asestaba, su piel se desgarraba como el papel. Poco después la sombra y la joven desaparecieron, volviendo a aparecer al comienzo de la persecución. Era una escena que se repetía en un bucle constante y siempre la joven pedía que la ayudásemos. Cansados de aquel repugnante espectáculo, nos dispusimos a salir del aula. No pudimos. El suelo comenzó a temblar, las paredes comenzaron a llorar sangre y en el centro de la puerta apareció un ojo rojo. Toda la habitación se había transformado, parecía la pesadilla enfermiza de algún perturbado mental. Al abrir la puerta, pude comprobar que detrás de ella se había formado un pasillo de llamas y extraños animales. Ahora una voz diferente a la de la joven nos advertía que si salíamos al exterior nos quemaríamos vivos y las bestias apostadas devorarían nuestros cadáveres. No podíamos hacer nada, simplemente ser espectadores involuntarios de aquel macabro espectáculo. Cansado e impotente por tener que presenciar la muerte atroz de la joven, me dirigí hacia aquel pasillo infernal. La voz más grave me decía que retrocediéramos, que ardería vivo si no. No podía soportarlo más, los gritos de angustia de la muchacha eran superiores a mi instinto de supervivencia. Tenía que intentarlo. Una vez puse un pie fuera del umbral de la puerta, las llamas comenzaron a rodearme. Sentía el dolor intenso que el fuego me producía, pero en mi interior sabía que tenía que llegar a la chica e intentar salvarla. El dolor era cada vez más insoportable, la vista se me nublaba y trozos de mí carbonizados se desprendían. Como la antorcha humana llegué hasta la joven, segundos antes de que la sombra la destrozara. Con el último aliento de mi vida, agarré con fuerza a ese extraño ser. De pronto el fuego que me envolvía se paso al extraño ser. Gritos inhumanos salían de la criatura, se retorcía, gemía, hasta que su forma se desintegró por completo. Sentía como las fuerzas me abandonaban, como si el momento de mi muerte estuviera cerca, pero con el espíritu tranquilo al saber que la chica estaba a salvo. Se cerraron mis ojos.
Alégrate, caballero, tu valor y voluntad me han salvado. La sombra arde ya en el infierno. Mi muerte vengada. Tú no morirás hoy. Las hazañas hoy hechas perdurarán por siglos y tú nombre venerado por todos. Te has ganado el paraíso y por siempre serás bendito. Ahora, despierta.

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