El sueño de inmortalidad anhelado por tantos y conseguido por nadie, hasta ahora.
Nos encontrábamos en clase cuando hubo una pequeña sacudida sísmica. Alarmados y conmocionados por aquel temblor, nos dirigimos hacia el exterior y comprobemos que todas las clases se encontraban también fuera. Nadie estaba herido y los daños materiales no fueron muy cuantiosos: algunas estanterías, varios focos y algunas pizarras se habían precipitado al suelo. Lo más curioso fue una grieta, algo grande, se había abierto detrás de nuestra clase. Como siempre, yo que no le temo a nada, me adentre en aquella oscura hendidura dispuesto a ver que había en su interior, ya que se vislumbraba en la entrada lo que parecía ser unos peldaños.Con cada escalón que bajaba se me aceleraba el corazón, la respiración se hacía cada vez más intensa y las piernas me temblaban por la emoción. Supongo que debí sentir lo mismo que Howard Carter al descubrir la tumba de Tutankamón. Se acabaron los escalones y me encontré en una estancia bastante lúgubre. Las paredes estaban decoradas con lo que parecían lienzos de piel humana con dibujos de extraños seres y lugares. El piso acumulaba bastante polvo y varios artilugios como de alquimia se encontraban desperdigo nados por doquier. Lo más sorprendente fue encontrar un esqueleto cubierto por una túnica y sujetando un libro. Me dirigí hacia él, le despegue su huesuda mano de aquel tomo y me dispuse a echarle un vistazo antes de que alguien más bajara. Mi sorpresa fue descomunal al comprobar que aquella reliquia hablaba sobre un rito ancestral para conseguir la vida eterna. Algunos de los profesores bajaron dando gritos de alegría y júbilo por haber descubierto semejante hallazgo. Yo me oculte el libro bajo la camisa, subí la escalera y deje atrás al claustro entero elucubrando sobre lo famosos que se iban a ser y lo que harían con todos esos tesoros históricos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario