martes, 24 de agosto de 2010

Álter Ego

Qué bien, por fin es carnaval y en el instituto decidimos ir a clase disfrazados. A los profesores, al vernos, les hizo ilusión comprobar el buen humor de los alumnos, su compañerismo, y qué diablos, un toque jocoso para pasar una tarde amena.
El disfraz de moda fue el de mujer. La amalgama de colores en los disfraces y en la originalidad de los mismos no tenía nada que envidiar a cualquier carnaval del mundo. Gnomos y duendes hacían migas con roqueros, bailarinas, princesas, heavys, algunos militares y varios ejecutivos.
- Bien, esto lo podíais haber avisado y los profesores hubiéramos venido también disfrazados.- dijo nuestro profesor de historia, mientras nos escrutaba minuciosamente para intentar reconocernos bajo aquella fachada de pinturas y máscaras.
- De acuerdo, ya que estáis todos disfrazados os contaré una leyenda celta sobre un dios de los disfraces; su nombre era Fáber. Según cuenta la leyenda, este dios era mitad humano y mitad divinidad. En cierta ocasión se disfrazó de guerrero para poder comer en los barracones; otra vez se disfrazó de mercader para poder viajar a bordo de un barco que se dirigía a otro continente, algunas veces de estatua para poder entrar en los palacios y de mujer para entrar en los harenes. Pero cuando se sentía mejor era cuando se disfrazaba de arlequín para hacer reír a niños y mayores. Su padre era el dios de la oscuridad; no pudiendo soportar ver como utilizaba sus poderes en necedades y trivialidades, lo condenó a ser un ser deforme y monstruoso, para que así, sólo pudiera estar en compañía de otros bajo un disfraz. Eso le destrozó, pero no más que el rechazo que produjo en la gente, antes afables y benévolos con él, y ahora repudiado y odiado por todos.
Fue perseguido y condenado a morir por su aspecto en la hoguera. Según cuentan los historiadores, mientras lo tenían preso en un calabozo improvisado en una cueva, dejó escrito con su propia sangre unas palabras en la pared: que mi padre me perdone, pues mi mitad humana me corrompió, pero en la muerte seré un ser completo. Además dejó escrito algo que hasta la fecha no ha podido ser traducido: Ordanun Tranfusion Corpe Idanun Miterun Mortum Especterum Teron Envidan.
Acto seguido nos envolvió una especie de neblina mística, y al disiparse nos dimos cuenta de que nuestros disfraces formaban parte de nosotros, como si esas últimas palabras nos hubieran condenado a ser nuestro personaje. Maldita sea mi suerte, siento como un instinto animal se apodera de mi humanidad y unas ansias de sangre obnubilan mi mente. No lo puedo controlar y sé que voy a cometer una escabechina con mis compañeros. Tuve que venir de hombre lobo.

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