La tarde en el instituto era muy tranquila, demasiado para mi gusto. De pronto llamaron a la puerta. El profesor dio paso. Una figura famélica entro. Era un hombre bastante alto, con el pelo largo y de color plateado, llevaba un sombrero negro a juego con su traje. De repente un aire helado inundó toda la habitación y un malestar general se apodero de todos nosotros. Aquel extraño caballero cruzo el aula muy despacio, observando de izquierda a derechas a todo el mundo, con unos ojos negros como jamás vi oscuridad alguna. Paso a paso fue llegando hasta donde el profesor se encontraba, se acercó a él, le puso la mano en el hombro y le susurró algunas palabras al oído. Acto seguido, el profesor se dirigió hacia la puerta saliendo por ella hacía el exterior. Todos nos quedemos perplejos ante aquella situación, pues no podíamos saber las intenciones de aquel peculiar personaje. Se sentó en el filo de la mesa y sus ojos se clavaron en todos nosotros. Observando, deleitándose con lo que veía, relamiéndose sus finos y morados labios. Nadie podía moverse del asiento, era como si nuestra mente hubiera perdido el control de nuestro cuerpo. Impasible, uno a uno nos fue estudiando, como el halcón que observa a su presa antes de cazarla. Levanto su mano y estirazando su huesudo dedo, me señalo. Su rostro blanco y demacrado esbozó una sonrisa, que no hizo más que acentuar el temor, que aquel extraño hombre me producía. Mi cuerpo se enderezó, mi voluntad luchaba atroz mente por intentar no seguir hacía delante. Eso solo le hizo sonreír más. Con un gesto de su otra mano, hizo que cuatro compañeros más se pusieran de pie, se giraran hacía mí y extendiendo sus brazos, me agarraron con tal fuerza que no tuve más remedio que ceder a la voluntad de ese ser. Poco a poco fui llevado hasta su presencia. Parecía un reo a punto de ser llevado al paredón, sabiendo de ante mano un fatal desenlace. Me arrodillaron delante de él Aquel ser se acacho hacia mí. Mi mente solo podía pensar que horribles monstruosidades me haría. Se aproximo a mi oído y con la voz más triste y compungida que jamás pude oír en toda mi corta existencia, me dijo:
- Tú eres aquel que durante lustros llevo buscando. Tu alma afín con la mía, te buscaba a traves del tiempo y del espacio. Deja que mi mente y la tuya sean una.
De pronto un fulgor y una energía casi divina emergió del interior de mi cuerpo. Mi mente abrumada por las imágenes de cientos de batallas, de guerreros de leyenda postrados en sus lechos de muerte, de millones de seres muriendo a mí paso. Mi cuerpo estaba cambiando en aquel proceso. Mi piel se torno blanca como el frio mármol, mis ojos se oscurecieron como el abismo más negro de los infiernos, mi pelo creció volviéndose del color de la ceniza. Ya no era yo, todo mi ser rezumaba poder y conocimiento. Y aquel extraño personaje me digo estas últimas palabras antes de desaparecer:
- Tú eres la noche, la oscuridad, el descanso y la paz, la justicia y la venganza. Tú eres el SEGADOR. Álzate hilador de destinos y cumple con nuestra ancestral tarea. Reclama las almas mortales, y vaga por el mundo con paso firme y tenaz. Eres una de las parcas y como tal tienes una misión que cumplir. Ya nos veremos.
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