martes, 14 de septiembre de 2010

La palabra de Juan Abel. FINAL

-         Como ya abras podido comprobar, cada vez que tocas y cantas algo, se cumple. Si me alimento, mis poderes crecen y el radio de acción es mayor. Me explico, si quieres dominar el mundo, tengo al menos que alimentarme de 99 cuerpos más. Así mis poderes serán permanentes y el mundo entero se postrara a tus pies. Solamente hay un problema. No puedo hacer que la gente venga a mí para alimentarme, a menos que lo deseen como tu amigo Miguel, así que tendrás que conseguirlo tú.  Por lo demás, no hay ningún problema. Una vez haya comido las 99 almas, quiero decir, las 99 personas. Lo que desees, tendrá efecto en el mundo entero. Así, ¿Qué me dices?
Juan Abel no supo que contestarle. La idea de matar a 99 personas más le horrorizaba. Pero algo en su interior, le empujaba a considerar muy positivo el trato. Si sacrificara a esas personas por conseguir el bien mundial, pues él solo pensaba en todo el bien que podría hacer, sería un pequeño precio por evitar las guerras, el hambre, etc. Después de mucho sopesar los pros y los contras, tomo una decisión.
-         Bien, Dajin. Tu propuesta me parce justa. Será un pequeño sacrificio por un bien mayor. Cuando tenga poder para cambiar al mundo, aré que la paz reine en él y que todos nos unamos cómo hermanos para poder disfrutar del mundo.- le contesto Juan Abel.
-         Muy buena idea, chaval. Cuando tengas todo mí poder, podrás salvar el mundo si quieres. Tienes buen corazón, si tuviera ojos dejaría caer unas lágrimas por la emoción. En fin, tenemos mucho trabajo por delante. ¿Sabes cómo reunir a todas esas personas a la vez, o prefieres que vayamos una por una?-
-         No, lo mejor será que sean todas a la vez. No soportaría verlas morir una por una.-
-         Di que sí. Esto es mejor hacerlo como quitarse una tirita, de una vez.- le contesto Dajin.
-         Lo mejor que puedo hacer es juntar a mis amigos del Facebook en algún local. Les diré que voy a dar un concierto, además de bebida gratis. Seguro que vendrán. Una vez allí, ya pensaré en la manera en que te puedas alimentar de ellos. Pero para eso necesitare dinero. ¿Puedes concedérmelo?-
-         Ya sabes cómo.- le contestó.
Juan Abel cogió la guitarra con  mucha ilusión. La idea de poder cambiar el mundo para mejor, le hacía no pensar en la barbarie que estaba apunto de cometer.
-         Cuando quieras, mi amo.
Acariciando las cuerdas, dejo salir la melodía que le allanaría el camino para poder juntar a sus 99 mártires:
-         Siempre que mi mano meta en el bolsillo de mi pantalón, saqué billetes a mogollón.
Aunque la rima no fue de las mejores, por no decir que fue una porquería, tuvo el efecto deseado.
Durante un mes, Juan Abel reunió a las  99 personas que necesitaba, alquiló un local bastante amplio y lo atiborró con toda clase de bebidas alcohólicas y de comida. Todo estaba preparado para el sacrificio, y por fin llego el día.
-         Buenas noches a todos. Os doy las gracias por haber venido. Ya que casi todo el mundo ha comido y bebido, algunos más de la cuenta, así que sin más demora empezare con el concierto.
Juan Abel se subió a un pequeño escenario que tenía montado al fondo del local, mientras que era elogiado y vitoreado por sus amigos. Una vez estuvo arriba, cogió su guitarra, se acercó un poco el micrófono, y con lágrimas en los ojos, comenzó a tocar su réquiem:
-         Todos mis amigos, aquí están. Su vida es tan valiosa, como la de los demás. Pero ellos no saben, que su sacrificio cambiara todo, pues con su muerte un mundo mejor habrá. Así que sin poder escapar de la sala, aunque no entendáis nada, mi guitarra se convertirá en una bestia que será capaz, de a los 99 devorar…
La gente saltaba y gritaba como loca al escuchar a Juan Abel tocar y cantar, hasta que de repente, cientos de rayos comenzaron a salir de la guitarra. Las luces empezaron  a  parpadear, las salidas de pronto desaparecieron, y Juan Abel, soltó su guitarra en medio del gentío. Las cuerdas comenzaron a soltarse y a moverse como un nido de serpientes. El cuerpo de la guitarra empezó a crecer y a crecer como si estuviera vivo. La gente no tardo en intentar salir por las inexistentes salidas, mientras que gritaban presas por el pánico de ver a aquella cosa ir cobrando vida. Cuando creció lo bastante, las cuerdas se volvieron como tentáculos, y del centro de la guitarra, se abrió una boca con cientos de dientes. Poco a poco, los tentáculos fueron atrapando a sus indefensas presas, arrastrándolas hacía esa fétida y nauseabunda boca, destrozando los cuerpos en segundos mientras que volvía a coger más.
Juan Abel cayó de rodillas sobre el escenario mientras observaba horrorizado como sus amigos, eran engullidos entre gritos y lamentos.
Al cabo de diez minutos, se hiso el silencio, mientras que aquella extraña criatura, volvía a su forma original.
-         Todo ha acabado ya. Por fin tendré mi deseo y podre resarcirme de todo este mal.- le dijo Juan Abel al genio.
-         Je, je, je. ¿De verdad que te has creído todo esto?, ¿Cuántos años tienes, cinco?- le contestó.
-         ¿De qué demonios hablas?- le preguntó Juan Abel. Mientras que su rostro se tornaba en sorpresa.
-         ¿A caso creías que todo esto era para traer la paz al mundo?
-         Pero, ¿pero tú me digites…?- le dijo, mientras se le abrían más los ojos.
-         Eres un imbécil. Te he estado utilizando desde el principio. Ahora sé un buen chico, y mira esto, si te portas bien quizás no te mate todavía.
De repente, de las paredes comenzó a brotar lo que parecía sangre negra y pestilente. El suelo empezó a romperse entre fuertes sacudidas y el genio, que tenía la forma de la guitarra, se transformó en un demonio. Rojo como la misma sangre, con cuernos retorcidos en su testa. Pinchos de huesos le salían de los brazos a modo de guadaña. Unas enormes alas aparecieron en su espalda. Medía unos dos metros. Pero lo que más aterró al ya asustado Juan Abel, fue sus ojos y boca. Unos ojos negros y profundos como la noche más oscura y una boca grande, prominente, y con unos dientes que parecían cuchillos, mientras que con la lengua, los iba limpiando uno por uno.
Mientras que se reía a carcajadas, del suelo apareció un gran agujero, del cual se podía escuchar los aullidos y gritos más horripilantes del mundo.
-         La verdad es que tengo que agradecerte mucho, Juan Abel.- le dijo el demonio, con una voz de ultratumba.
-         Me has engañado, maldito. He matado a mis amigos por ti, ¿y ahora…?
-         No te preocupes, si será un mundo mejor. Un mundo dirigido por demonios, donde el dolor y el sufrimiento de tu raza, será nuestra principal ocupación.- le dijo, riéndose aun más fuerte si cabe.
-         Y como me has caído bien, te concederé el honor de saber quién soy. Yo soy Dajin, hijo de Lucifer, quinto en la sucesión del infierno, gobernador del lago de fuego y general de cinco legiones del inframundo. Gracias a ti, he podido reunir en este milenio las almas que me faltaban para poder materializar mi cuerpo en tu mundo y así abrir el sello de Gabriel para poder traer a este mundo a mis hermanos. Y por eso, como soy muy bueno, te dejare que seas mi siervo por toda la eternidad. ¿Qué decides?
-         Jamás, antes prefiero morir, que ser esclavo de un ser tan repulsivo como tú.- le grito Juan Abel, rojo por la rabia y la ira.
-         Pues que así sea. Puedes oírlos, mis hermanos ya están llegando y seguro que tienen mucha hambre. Je, je, je.
El mundo fue conquistado por los demonios. La población mundial fue diezmada  casi por completo. El horror y el terror, asolan sin descanso a los pocos supervivientes humanos que intentan luchar contra ellos. Eso sí, Juan Abel consiguió una de las cosas que él se proponía, que el mundo se uniera. Aunque no de la manera que él pensaba.
                                               FIN.
By TONI HIDALGO NAVAS.

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