Mientras se dirigía a paso raudo hacía su casa, no paraba de darle vueltas a lo que el camarero le había contado.
- Ha sucedido tal cual lo cante en mí canción.- pensaba para si mismo.
Casi sin aliento, llegó a su casa. Al entrar se encontró con Miguel, el cual le estaba esperando:
- ¿Te has enterado de lo que le ha pasado a tu ex novia?- le preguntó Miguel.
- Qué va, tío. ¿Qué le ha ocurrido a esa golfa?- le contestó Juan Abel, haciéndose el loco.
- Pues que el tío con el qué esta, se le fue la olla ayer por la noche. Estaban tomando algo en el Montecarlo, y sin mediar palabra, se levantó y la tiro contra el suelo. Luego se subió encima y con sus propias manos, le arrancó el corazón del pecho, ante la atónita mirada de la gente del bar. Encima el cabrón dice, que no sabe como a podido hacer una cosa así y que no recuerda nada. ¿Te lo puedes creer?-
- ¿Y sobre qué hora pasó eso?- le preguntó Juan Abel, mientras se le desencajaba la cara por momentos.
- Pues fue al poco de nosotros irnos.-
Juan Abel no podía creérselo. Como unas simple rimas, podían haber doblegado la voluntad de una persona y hacerla cometer un acto tan salvaje.
- Escucha Miguel lo que te voy a decir. Pero júrame que no se lo vas a decir a nadie.-
- Te lo juro.- le respondió.
- Anoche cuando os fuisteis, comencé a cantar una canción que decía que ojala a mi ex novia su pareja le arrancara el corazón del pecho. Luego la guitarra empezó a emitir colores. Como habíamos bebido mucho, pensé que me lo estaba imaginando. Pero creo, que la guitarra tiene algún tipo de poder.-
- Ja, ja, ja. Se te ha ido la pinza del todo. Tanto alcohol anoche, te ha hecho ver cosas que no son.- le dijo Miguel.
- No va enserio. Esa guitarra tiene algo.
- ¿Cuál, esta?- le dijo Miguel, mientras se la colgaba.
- Déjala en su sitio y no juegues con eso. No sabemos qué puede hacer.- le grito Juan Abel.
- La guitarra no está embrujada ni nada. Te lo demostraré.
Miguel, como era su costumbre, no hizo caso alguno, y comenzó a tocar las cuerdas a la par que cantaba algo improvisado:
Esta guitarra está viva y puede hablar. Y como es tan malvada, al pobre Miguel se quiere zampar.
- Vez como no ocurre nada.- le dijo Miguel.
De repente comenzó a salir colores de la guitarra. Las cuerdas se soltaron y atravesaron el cuerpo de Miguel. Fue lanzado contra la pared, mientras que las cuerdas se le deslizaban bajo la piel.
- ¡Ayúdame, por favor!- gritaba Miguel, mientras sangraba por todos lados.
Juan Abel, intentó acercarse a él. Cuando sin saber de dónde venía, escucho una voz:
- Detente. No quisiera que resultaras herido. Pronto acabare de comer y podremos hablar más tranquilos.
Aquella voz, paralizó al ya asustado Juan Abel.
Mientras, el pobre Miguel, se derretía como cómo un helado, dejando un charco de carne y sangre, el cual, fue absorbido por las cuerdas de la guitarra. Una vez hubo acabado, no quedaba nada de aquella matanza. Ni sangre, ni ropa, ni tan siquiera un pelo, todo fue ingerido por aquel instrumento.
Juan Abel, se encontraba en un estado casi catatónico. No podía creer lo que había visto e intentaba repetirse para sí mimo, que todo era un sueño y que de un momento a otro, se iba a despertar.
- Así que, ¿tú eres mi nuevo amo?- resonó la pregunta en la cabeza de Juan Abel.
No hubo respuesta.
- Te lo volveré a repetir, ¿eres o no eres tú mi nuevo amo?- esta vez, resonó mucho más alto, haciendo que Juan Abel, se llevara las manos a los oídos.
- ¿Quién eres tú?- respondió entre cortando las palabras.
- Mi nombre es Dajin, y soy un genio. A partir de ahora tú vida va a mejorar mucho.
- ¿Pero cómo es posible?- le contestó.
- Veras, fui un gran mago en la antigua Mesopotamia. Mientras realizaba un antiguo conjuro, el cual me habría convertido en el mago más poderoso de todos los tiempos, algo debió de salir mal y quede atrapado en una vieja lámpara de aceite. Durante siglos, quede prisionero en ella, perdida entre las arenas y olvidada por los siglos hasta que mi último amo me traspasó a su guitarra y ahora, tú eres mi nuevo amo. A sí que cuando quieras, podemos comenzar.
- ¿Comenzar el qué?- le preguntó.
- A que va ha ser, a que me digas lo que tu corazón más desee. Tú todavía no te a dado cuenta, pero muchacho, te ha tocado la lotería con migo.
Juan Abel no podía creérselo. Aunque no sabía muy bien lo que estaba pasando, y todavía se encontraba traumatizado por lo que le había pasado con Miguel, la idea de tener un genio a su servicio, le parecía de lo más maravilloso del mundo.
- Entonces, cómo funciona esto. Te tengo que pedir tres deseos o algo así. Te tengo que frotar o qué.
- Je, je, je. Qué te piensas, que esto es una película de Disney. Es un poco más complicado que eso. Veras, antes de cualquier deseo, tengo que alimentarme. Anoche cuando la sangre de tu amigo me llegó, pude despertarme de mi letargo y concederte un deseo. Cada vez que me alimento, mis poderes crecen y podre concederte deseos más grandes. Mi antiguo amo, me nutrió tan bien, que pude convertirlo en el mejor cantante del mundo. Llego a tener todo lo que quiso. Y si sigues mis consejos… haré de ti un dios entre los hombres. ¿qué me dices?-
Juan Abel enmudeció. Durante más de cinco minutos estuvo pensando en la propuesta del genio. Todos en la vida alguna vez nos habíamos imaginado lo que sería tener poderes para poder hacer lo que quisiéramos, y él, estaba apunto de conseguirlo.
- Esta bien. Tú dime lo que tengo que hacer.- dijo Juan Abel, esbozando una sonrisa.
- Muy bien, sabia elección. Pues te contaré todo… Continuara.
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