Yo tengo uno mejor: Trabajar para pagar y no pagar para trabajar. Siempre estas pagando cosas, cuando no es un recibo de algo, es el mantenimiento de cuenta, la contribución, la basura o una multa que ni siquiera sabías que te habían puesto. Y lo mejor de todo es cuando un mes te viene la cosa mal, todos te vienen de golpe. Ya me los imagino en sus oficinas, sentados y maquinando como apretarte la soga al cuello. Parece como si supieran que este mes no tienes suficiente dinero para llegar a fin de mes, y se ponen todos de acuerdo en mandártelo junto.
- ¿Qué tal te ha ido el día, cariño?, ¿pudiste averiguar algo en el paro?- me pregunto mi mujer, mientras me daba un beso en la mejilla.
- Que va. Ahora resulta que mi ex jefe nos ha estafado a todos y para colmo, no tenemos paro.
- ¿Pero eso como a sido?-me dijo mi mujer con cara de preocupación.
- No tengo ni idea. Lo único que sé, es que a estafado a los trabajadores y a la seguridad social un pastón, y el muy cerdo se a fugado con los dineros dios sabe dónde.
- ¿Pero no puedes echar el paro entonces?
Durante un buen rato, le conté todo lo que me había pasado y lo que Daniel me había contado en el bar de Paco.
- ¿Y ahora, que hacemos?
- Tranquila mi vida, mañana tengo que ir al juzgado a declarar, pues me han mandado una citación. Por lo pronto, el sindicato se ha encargado de poner una denuncia colectiva. Es sólo cuestión de tiempo.
- Sabes que no tenemos casi dinero y los reyes están a la vuelta de la esquina. Si no encontramos trabajo alguno de los dos, con la ayuda no llegamos. Hoy me han vuelto a llamar del banco. Ya debemos dos recibos de la hipoteca. Además hay que comprarle ropa a los niños, no paran de crecer y se le queda chica en nada.
- Lo sé. No me agobies, quieres. Sé todo lo que debemos y como están las cosas. Intentaré buscar algo para las fiestas. Por lo demás, otra cosa no puedo hacer ahora mismo. Mañana cuando vaya al juzgado, veré que se puede hacer y como están las cosas.
- Tienes razón, Toni. Preocuparse más no nos lleva a ningún lado. Ya está la comida. Anda siéntate y come.- me dijo mi mujer, esbozando una gran sonrisa.
- La verdad es que no tengo mucha hambre. Estoy bastante cansado y me duele mucho la cabeza.
- Por eso, comes algo, te tomas una pastilla y te acuestas. Llevas muchos días que casi no duermes y tu cuerpo se reciente.
Hoy tocaba arroz con pollo. Me comí solamente un poco, y fue una lástima, pues a ella le sale de lujo. Luego me tome un paracetamol, y me fui directo para la cama. Mientras me ponía un viejo pijama de felpa, al cual le tengo mucho cariño, sentí las voces de mis niños y la de mi suegra. Ella se había encargado de recogerlos. No tenía muchas ganas de salir, así que me metí rápidamente en la cama.
- ¡Papa, papa!- gritaron mis dos pequeñines, irrumpiendo en la habitación.
- Ya están aquí mis niños preferidos.- les dije, mientras los abrazaba.
- Papi, mañana es el último día de clase, y después las vacaciones. Me ha dicho la maestra que este año me he portado muy bien y que soy su mejor alumna. Así que este año, los reyes se portaran mejor, ¿a que sí, papi?- me dijo mi niña con toda la ilusión que un niño puede transmitir.
Un fuerte nudo en la garganta me impidió el poder decir algo.
- Y yo también me he portado muy bien, que me lo ha dicho mi maestra, papa.- me dijo mi hijo.
No pude contenerme y las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos.
- ¿Por qué lloras, papi?, ¿es que te duele algo?, ¿estás malito?-me preguntaba mi hija, mientras que me ponía la mano sobre la frente, para ver si tenía calentura.
- No te preocupes, mi vida. Es que me duele una muela y por eso lloro. Anda, tú y tú hermano iros a comer, que tendréis mucha hambre.
- Vamos, dejad a papa que está muy cansado. Ya tenéis el plato puesto.- les dijo mi mujer, llevándoselos tras de sí.
Aquello fue una puñalada en el corazón. El año anterior les colme de regalos, pensando en que todos los años iban a ser igual. Durante todo el año les decía que si sacaban muy buenas notas, los reyes magos lo sabrían y les traerían todo lo que quisiesen. Y ahora, como le explica a dos niños de diez y nueve años, que este año lo mismo, ni tienen regalos. La garganta se me quedaba seca y el simple hecho de tragar algo de saliva, me producía un dolor muy agudo, como si tragara cristales. Aunque me encontraba muy cansado, no podía pegar ojo. Vueltas y vueltas en la cama, mientras podía sentir el jaleo que formaban mis dos pequeños. Las horas pasaban y mi mente sólo podía pensar en mi situación y en la mala suerte que se cernía sobre mí. Lloraba y maldecía al mismo tiempo todo lo que me estaba ocurriendo. Al cabo de cuatro o cinco horas, ya exhausto, me quede dormido. Fue una noche horrible, pues en vez de poder descansar a pierna suelta, solamente soñé con desgracias e infortunios. Aunque nunca había creído en la interpretación de los sueños, todo lo que mi mente me mostraba, lo asimile de tal manera como si eso fuera la ante sala de lo que me podía deparar el futuro. Soñé en que perdía mi casa, que acababa en la calle con mi mujer y mis hijos. Que no teníamos donde vivir y teníamos que sobrevivir a base de la caridad de las personas. Que la gente pasaba por nuestro lado y me arrojaban monedas, mirándonos con una mezcla de desprecio y lástima. Mi mujer, cansada de pasar fatigas, me abandonaba y que se iba con otro. Yo, que iba a buscar trabajo y no encontraba por mucho que buscara. Que me metían en la cárcel, por no poder pagar lo que debía. Que los servicios sociales me quitaban la custodia de mis niños y no los veía más. Incluso llegue a imaginarme que mis hijos morían por desnutrición. Fue una noche terrible. Las imágenes de aquello me parecieron tan reales, que más de una vez me levantaba sobresaltado, veía que mi mujer se encontraba a mi lado y levantándome de la cama, iba a comprobar las habitaciones de mis hijos y ver que se encontraban ahí. Las pesadillas que sufrí aquella noche, fueron en parte el detonante para que aceptara convertirme en un asesino. Aun hoy, tengo esos recuerdos muy presentes cuando tengo que hacer algún trabajillo.
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