domingo, 6 de marzo de 2011

HISTORIA DE UN ASESINO A SUELDO 06/03

Nos dirigimos hacía Casa Paco, que era la cafetería que se encontraba más cerca de nosotros y además, era muy amigo nuestro. Mientras llegábamos a nuestro destino, Daniel me contaba así por encima algo de lo que había sucedido. Casi no pude seguirle en la conversación pues casi todo eran tacos y maldiciones. Sólo entendía algo sobre los papeles y las nóminas atrasadas. Veinticinco años de amistad, y nunca lo había visto tan enfadado.
-         Ya estamos aquí, coge una mesa mientras que yo pido.- me dijo Daniel.
-         Pídeme un café bien cargado.- le pedí.
-         Buenos días Paco. Ponme dos cafés con leche y bien cargados, por favor.
-         Buenos días Daniel. ¿Qué te pasa?, nunca te había visto tan serio. ¿Algún problemilla?- le pregunto Paco, mientras preparaba los cafés.
-         Nada. Que el cabrón de nuestro ex jefe nos a hecho una putada y de las gordas.
-         La cosa es que está muy mal y muchos empresarios se aprovechan con la situación. Pero tú no te enfades mucho, que acabaras con una úlcera. Como siempre he dicho: la vida hay que tomársela con tranquilidad y buen humor, pues no saldrás vivo de ella.
-         Qué razón tienes, figura. Bueno, ¿qué te debo?
-         A estos invito yo.
-         Muchas gracias, campeón.- dicho esto, Daniel cogió los dos cafés y se dirigió hacía la mesa del fondo donde me encontraba.
-         Aquí tienes tú café, Toni.
-         Y bien, ¿qué es eso tan importante que tienes que contarme?- le dije mientras sacaba dos cigarrillos.
-         Cuando te lo cuente, no vas a poder creértelo.- me dijo, a la vez que removía con saña el café y clavaba los ojos en la mesa.
-         ¿Pero me lo vas a contar o qué? Si es una tontería de las tuyas, vas a cobrar, pues tengo muchas cosas que hacer esta mañana.
-         Si es para cobrar el paro, olvídalo.
-         ¡De que narices estás hablando!- le dije todo alterado.
-         Qué el cabrón de Francisco, no la a jugado pero bien. No sé como lo a hecho pero nos a dejado a todos sin nada. Y es más, tienes que ir al juzgado a declarar.
-         ¡Queeeeeeeeeee!, espero que esto sea una broma.- le dije.
-         Ojalá lo fuera, pero es más serio de lo que parece. Te lo voy a explicar todo. Resulta que a primeros de año cogieron y nos dieron a todos de baja en la seguridad social sin decirnos nada. Pero eso no es todo. Falsificando nuestros papeles, hizo que todos cobráramos el paro, no sé cómo pudo hacerlo, y hizo que la seguridad social pagara todo en una cuenta a su nombre. Así que aparte de no pagarnos, el muy cerdo se a quedado con todo nuestro paro, el tuyo, el mío y el de los demás. Y si fuera poco, se encuentra en paradero desconocido. La policía ya está investigando, pero a nosotros nos ha dejado con el culo al aire.
-         ¿Pero eso como puede ser posible?- le pregunte, mientras que me encendía otro cigarro.
-         La verdad, no lo sé. Ya sabes que en esta vida con dineros se puede conseguir todo. Lo único que se, es que a defraudado a todo el mundo y se a llevado una pasta, pues desde Enero, lleva sin pagar a ningún proveedor y además se a quedado con todo nuestro dinero. Yo calculo que se ha podido llevar más de cinco o seis millones de euros.
Aquella noticia hizo que se me viniera el mundo encima. Sin trabajo a la vista, sin dineros, con dos niños pequeños y sin la posibilidad de poder cobrar aunque fuera el paro, me produjo una sensación de ahogo. La vida a veces se complica de una forma, que sueles pensar en que es lo que has podido hacer de malo para merecer tal cosa.
-         Entonces, ¿qué es lo que podemos hacer?- le pregunte, con los ojos llenos de lágrimas por la rabia e impotencia que sentía.
-         Pues ahora mismo, nada.  El sindicato ya ha puesto la denuncia y sólo nos queda esperar a que cojan a ese mamón. A por cierto, antes de que se me olvide, seguramente te llamaran si no lo han hecho ya del juzgado para que vayas a declarar. Huy, que tarde es, tengo que recoger a mi novia a la estación. ¿Te vienes con migo?
-         No. Atrocharé por el camino del cementerio. No tengo ganas en estos momentos de nada y quiero llegar pronto a mi casa.
-         Tú mismo, pero no te amargues por culpa de ese maldito bastardo. Veras como pronto se enmienda la cosa. Chao.- y salió de allí como una flecha.
Me levante de mi asiento y me dirigí hacia la salida con la cabeza cabizbaja, las manos metidas en los bolsillos y con la vista clavada en el suelo. Paco se despidió de mí a voces, pues no le presté mucha atención a las tres veces que me dijo adiós. El palo que me habían comunicado me tenía absorto.
-         Lo siento, Paco. Es que voy pensando en mis cosas y no te había oído.
-         ¿Todo está bien?- me pregunto, mirándome con cara de preocupación.
-         Si, tranquilo. Sólo son problemillas sin importancia.- le contesté, quitándole algo de hierro al asunto.
-         Bueno, ya sabes que si necesitas algo y está en mí mano poder ayudarte, puedes contar con migo.
-         Muchas gracias. ¿Sabes de alguien que esté dando trabajo?
-         Ahora mismo no se de nadie, pero si me entero de algo, te llamare sin falta. Por eso no te preocupes.
-         Te lo agradezco de todo corazón. Nos vemos.
-         Hasta luego, Toni, y alegra esa cara, que veras como todo se arregla.
-         Eso espero.
Me marché de allí cerca de la una y media. De camino de vuelta a mi casa, no paraba de darle vueltas a todo lo que Daniel me dijo. La vida se complicaba y yo, no podía tirar la toalla. Mis niños dependían de mí para sacarlos adelante. Casi sin darme cuenta, había llegado a mi piso. Mi mujer se encontraba en el balcón, limpiando los cristales. Cuando alcé la vista y la mire a los ojos, las preocupaciones pasaron a segundo lugar. Ella al ver que la miraba, me devolvió una sonrisa, la cual me hizo que se me olvidaran todos los problemas.
-         Ya te abro, cariño.- me dijo desde lo alto.
Al entrar fui derecho hacía el buzón, el cual se encontraba lleno de cartas. Pasando una por una, vi una notificación del juzgado. Tal y como Daniel me dijo, se me citaba para mañana a las nueve, para declarar por el caso “cemento”. Los nombres de los operativos policiales siempre me han resultado curiosos. Las demás cartas eran de mis amigos: telefónica, la sevillana, el Cajasur, el Santander… todos mis conocidos comunicándome que o les debo, o que pronto tendré que volver a pagarles. Hay un dicho que es: trabajar para vivir y no vivir para trabajar.

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