miércoles, 11 de mayo de 2011

HISTORIA DE UN ASESINO A SUELDO 11/05


-         No sé tío. Estoy esperando que me llamen de la villa Turística. Me han dicho que hacía falta un camarero, y me dijeron que hoy me llamarían.
-         Tú mismo, ¿pero si cambias de idea? Pásate esta noche por allí. Huy, que tarde es. Me voy, dale recuerdos a Mercedes.
-         Se los daré. Que te vaya bien en tú nuevo trabajo.
-         Espero que encuentres algo. Hasta luego.
Con otro fuerte abrazo, me despedí de Francis.
 Mientras volvía a esperar mi turno en soledad. La idea de trabajar en el Tártaro, se hacía más plausible a cada momento. Si esta tarde no encuentro nada, tendré que coger su oferta. Eso sí, si salgo hoy de aquí, pues esto va muy lento.
Las farolas de la plaza comenzaron a encenderse. Cada vez llegaba menos luz del sol, y el frio empezó a hacerse notar. Cuando vi al hombre que había delante entrar, me alegre bastante, pues después iba yo. No pasó más de diez minutos cuando pude entrar por fin.
-         Buenas, ¿en qué puedo ayudarle?- me dijo una mujer que se encontraba allí sentada en una mesa.        

-         Buenas tardes. Pues vera… Necesitaría saber si puedo cobrar algún tipo de ayuda. Mi ex jefe nos estafo y encima de quedarme parado, no puedo cobrar el paro ni nada. No encuentro nada, tengo dos niños pequeños y mujer. Una hipoteca y con lo poco que cobra mi mujer… vamos, que no llegamos.

-         ¿Pero usted es español, verdad?-

-         Pues sí, ¿qué tiene eso que ver con mi situación?- le pregunté todo desconcertado.

-         Pues vera. Sólo nos permiten dar ayudas para emigrantes y clases de exclusión social. Y sintiéndolo mucho, usted no se encuentra entre ese grupo.
La cabeza comenzó a darme vueltas como si de una peonza se tratara. Después de pasar la mayor vergüenza de mi vida, de tragarme todo el orgullo para tener que pedir algo de ayuda… me dicen que si no soy extranjero o yonki, no tengo derecho a nada. Una rabia desorbitada empezó a bullir dentro de mí, mientras que la mujer me miraba con susto. Respiré profundamente, conté hasta seis y mordiéndome el labio inferior, salí por la puerta sin decir nada. No podía creer lo que me había dicho esa maldita mujer. Que por ser español, no tengo derecho a nada. Lo más gracioso de todo esto, es que a los que les conceden las ayudas, van a pedirlas con unos coches que ya me gustaría a mi tenerlos. Simplemente con echar un vistazo a sus ropas, se podían ver que eran de marca. Algo impensable en cualquier casa que pase apuros económicos. Pero eso es lo que hay, asuntos sociales no está hecho para la gente normal que en un momento dado le vayan las cosas mal, está hecha para… bueno, no quiero seguir alimentando mi ira, pues ya me sangra bastante el labio.  
Mi vida se desmoronaba por momentos. Siempre pensé que siendo bueno en la vida, sólo te pasarían cosas buenas.  JA, JA, JA, JA, JA, JA.

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