sábado, 7 de mayo de 2011

HISTORIA DE UN ASESINO A SUELDO 07/05


  La imagen te todas aquellas personas era de lo más impactante. Había gente de todas las clases y razas posible, a excepción de algún chino. Ahora entendía lo que el presidente quería decir con lo de la alianza de civilizaciones: rumanos, moros, ecuatorianos, gitanos, negros, blancos, mitad y mitad, gente que antes sólo las veías comiendo en buenos restaurantes, jubilados, madres solteras, gente corriente y como siempre, ha aquellos que aunque hayamos pasado buenos tiempos de trabajo y prosperidad, siempre están en servicios sociales. Todos allí reunidos, pidiendo algo de limosna para poder vivir. Cada vez que me acuerdo, dejo caer una lágrima por lo frustrante de la situación. A nadie le gusta tener que pedir, bueno, a casi nadie.
Me encontraba muy nervioso y no paraba de fumar. Vueltas y más vueltas deseando que me tocase de una vez y así poder pasar el mal rato cuanto antes.
-         Toni, Toni.- escuche una voz llamándome.
Al girarme pude ver a un amigo mío salir de la residencia. Era Francisco, un amiguete de mis tiempos de juerga. Mi amigo siempre había sido muy buen chaval, pero el pobre parecía que lo había mirado un visco. La mala suerte y el son compañeros de viaje, siempre le han salido las cosas mal. Es la única persona que conozco que ha comprado un huevo kínder y no le ha salido la sorpresa.
-         Qué alegría de verte, Francis. ¿Cómo te va la vida?- le pregunté dándole un fuerte abrazo.
-         No me puedo quejar. Mañana me voy para Sevilla. Me ha salido un buen trabajo allí como camarero en un hotel. ¿y tú que te cuentas, sinvergüenza?, ¿es qué has venido a ver a algún abuelo?
-         Ojala. Las cosas se han puesto muy jodidas. Vengo a servicios sociales, por si me pueden ayudar. ¿no sabes nada de ningún trabajo?- le pregunte esperanzado.  
-         Pues sí. El mío. Hoy sería mi último día. Si quieres hablo con Iván, mi jefe. No creo que haya ningún problema.
-         ¿Pero dónde estás trabajando?- le pregunte, con los ojos como platos, pensando en la suerte que había tenido.
-         Ha, es verdad. Que tú nunca vas por allí ya. Pues estoy en el tártaro de camarero por las noches.
Cómo si me lanzara a una piscina de agua helada. El tártaro, el bar más chungo y problemático de toda la mancomunidad de la sub bética. Ha habido pocos asesinatos en Priego, pero los pocos que ha habido, han sido siempre o en la puerta del bar o en sus alrededores. Y qué decir de sus famosas peleas. Cuando era más joven, mis amigos y yo entremos un par de veces. Las dos salimos a hostias de allí. Como en las películas americanas, todos contra todos. Por suerte nadie denunciaba a nadie y si se te ocurría hacerlo, bueno, preguntarle a Alfonso Díaz Ruiz. Eso si lo encontráis, pues lleva quince años que nadie sabe nada de él. ¡Qué suerte la mía!

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