Cuando eran casi las 4 y media, decidí no continuar en la cama y dirigirme al Inen.
- ¿Ya te vas, cariño?- me dijo mi mujer medio adormilada.
- Si. No puedo dormir y ya son casi las 5. Es una tontería que me espere. Anda, vuélvete a dormir.
- ¿Me levanto y te pongo un café?
- No te molestes. Insisto, quédate acostada y descansa.- le dije mientras le besaba la frente.
- Bueno, cariño. Que tengas suerte. Ya verás como hoy nos sale algo a los dos y volveremos a estar bien.
- Claro que sí, mi vida.- le respondí, mientras salía de la habitación para vestirme, pues no quería encender la luz y que mi mujer se desvelara.
Una vez que ya estuve vestido, salí por la puerta y con sumo cuidado cerré la puerta intentando hacer el menor ruido posible, pues mis hijos seguían durmiendo profundamente y no quería que se despertaran.
Hacía un frio que pelaba en la calle. La temperatura a esas horas se encontraban por debajo del 0, o por lo menos así lo indicaba el cartel luminoso de una farmacia. Como hacía tanto frio, decidí ir dando un paseo, así por lo menos cogería algo de calor. Las calles de Priego se encontraban desiertas y en silencio. De vez en cuando, algún gato o perro callejero rompía la tranquilidad de la noche, aullando a la luna o maullando por el celo. Durante el camino, las ráfagas de aire helado me abofeteaban la cara. Con medio cigarrillo colgando de mis labios y con las manos metidas en los bolsillos, me dirigía a paso ligero hacía mi destino, el paro.
Cuando llegue al Inen, ya había unas cuantas personas esperando. Era como ver a los fans, cuando quieren una entrada para un concierto. Algunos de ellos se encontraban durmiendo en sacos, otros sentados en unas sillas y alrededor de una mesa de campin, tomaban de un termo lo que parecía café; mientras que charlaban de sus cosas. Otros como yo, habíamos tenido la misma idea, el llegar 4 horas antes de que abrieran para coger un buen sitio. Que maldita pérdida de tiempo, pues de siempre es sabido, que los del inem no encuentran trabajo. Leí un artículo en un periódico, que de las oficinas del paro, solamente llaman a un 2 porciento para cubrir vacantes, el 98 porciento encuentran el trabajo por su cuenta. Esa oficina sólo sirve para averiguar papeles y muchas veces ni bien.
- ¿Cuánto tiempo llevas en paro?-me pregunto un hombre, mientras que me ofrecía un vaso con café.
- Muchas gracias. Pues la verdad es que hoy será mi primer día. Siempre que no tenga ningún problema, pues la empresa en la que trabajaba, no me ha dado ningún papel. Pero como hoy en día todo está conectado con las demás administraciones, mi situación les debe de salir en el ordenador. - le dije al hombre.
- Pues puedes considerarte afortunado. Yo ya he consumido el paro. Todos los días vengo temprano y espero a que abran para ver si hay algo de lo mío, o ya puestos, de cualquier cosa. Así llevo ya dos semanas, viniendo a las 12 de la noche para ser uno de los primeros.-
- ¿Y en qué trabajaba usted?, si se puede preguntar, claro.- le pregunte a aquel hombre, el cual me sonaba mucho y no sabía donde lo había visto antes.
- Claro que si, amigo. Yo era uno de los fundadores de la constructora Nueva Vida S.A. Fue una de las primeras en caer con el comienzo de la crisis. Antes de cerrar, teníamos pendiente la construcción de más de 200 pisos de lujo, los cuales nunca llegaron a ver la luz. La compra del terreno para construirlos, nos dejo con la soga al cuello y los bancos nos cortaron el grifo de la noche a la mañana. Fuimos unos avariciosos. Con esto del boom inmobiliario, invertimos todo nuestro capital en la construcción de los pisos, de los cuales pensábamos sacar una buena tajada. No lo vimos venir y nos estallo la burbuja en plena cara. Todo nuestro dinero fue a parar para un terreno, el cual sin las viviendas, no valía nada. Tuvimos que poner de patitas en la calle a los cientos de albañiles que trabajaban para nosotros e indemnizarlos como marca la ley, pues casi todos eran fijos. Con la venta del terreno, que tuvimos que venderlo por cuatro duros, la devolución de todo el material de nuestros almacenes y con lo que teníamos los socios, pudimos reunir todo el dinero para sanear todas las cuentas pendientes. Por lo menos, todo quedo saldado y no le debíamos nada a nadie. Así que después de cerrar la empresa que fundamos y de quedarnos sin nada, encima tengo que estar agradecido de no deber nada a nadie. De esto ya hace casi un año y desde entonces no encuentro nada en lo que trabajar. Por suerte estoy soltero y la casa la tengo pagada entera, que si no. Pero cuando se me acabe la poca ayuda que recibo, no sé de donde sacaré el dinero para comer, vestirme o pagar la luz, la cual encima, subirá a principios de año. Si es que tenía que haberle hecho caso a mí madre. Cuando era pequeño, ella siempre me decía que: Todos los huevos no pueden ir en la misma canasta, pues si se te cae, lo perderás todo de golpe. La filosofía popular es de lo más sabía. En fin, ¿Cuál es tu historia?- me dijo el hombre, mientras me ofrecía un cigarro, el cual acepte.
- Mi mujer y yo, siempre hemos estado los dos trabajando desde que nos conocimos. Con lo primero que juntamos dimos la entrada para un piso de protección oficial, el cual era de su empresa (de ahí que me sonara ese tipo, le compre el piso a él). Cuando paso un año de tenerlo, tuvimos a nuestra niña, Verónica y un año después, tuvimos a nuestro segundo hijo Daniel. Durante 6 años solamente trabajaba yo y ella se quedaba criando a los dos. En cuanto la niña cumplió los 8 y su hermano 7, volvió mi mujer a trabajar en un asilo. Como ya entraban dos sueldos, y viendo que había mucho trabajo, decidimos que ya era hora de disfrutar de la vida y de los niños, así que no parábamos de gastar. Todo lo que siempre habíamos querido hacer, lo hacíamos. Como siempre quise lo mejor para mí familia y trabajo nunca me había faltado, nos fundíamos casi todo en divertirnos y ahorrábamos muy poco. Y ahora la empresa en la que trabajaba, encima de que me deben todavía una pasta, me a despedido. Pero lo más gracioso es que ayer vi como las oficinas estaban precintadas por la policía, por una supuesta estafa. Vamos, que seguro que no cobro lo que me deben. Y aquí estoy, intentando entrar para poder echar los papeles del paro o encontrar algo. No quiero que este año mis niños se queden sin reyes, después de que el año pasado les regalamos todo lo que quisieron. Mira que mi mejor amigo me lo advirtió y en vez de hacerle algo de caso, decidí gastar todavía más para que viera que estaba equivocado. Pero que imbécil fui.
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