Mi nombre es Toni Hidalgo, y mi profesión es de asesino a sueldo. Yo nunca había matado a nadie y menos por dinero, hasta que sufrí la gran crisis del 2009.
Todo empezó a finales del 2008. Como mucha gente, me encontraba trabajando y viviendo más o menos bien.
- He, Toni. ¿Sabes que he oído por ahí, que los bancos están teniendo problemas?- me dijo uno de mis compañeros de trabajo.
- Eso no puede ser, estuve viendo el telediario ayer y salió los resultados de los beneficios y todos los bancos habían ganado por encima de los 500 millones de euros. Si eso es tener problemas, ya me gustaría tenerlos para mí.
- No es eso, resulta que se están dando muchos créditos sin control y hay bastante gente que no pueden devolverlos y esto a la larga, nos acabara afectando.
- Mira, Daniel. Yo sé que con esto del Euribor, los plazos de las hipotecas han subido bastante, lo admito, pero hay mucho trabajo. Mírame a mí, mi mujer y yo estamos trabajando y como yo hay mucha más gente que trabajan los dos y eso, son dos sueldos entrando a una casa. Un sueldo lo dejamos sólo para pagar y con el otro lo utilizamos para poder disfrutar algo de la vida. Eso sí, siempre hay que guardar algo por si acaso.
- Tú dirás lo que quieras, pero esto tendrá que reventar por algún lado. Lo que no puede ser es que todo este subiendo, a excepción de los sueldos. Tú puedes creerte que el otro día fui a preguntar a una inmobiliaria para comprar un piso para mi novia y yo, y uno de 60 metros cuadrados, a medía hora de aquí y costaba 160000 euros, y de ahí para arriba. Y lo mejor de todo, es que el banco me da el dinero, pero a 30 años y pagando una burrada todos los meses.
- Pues mira, como cualquier español. Si quieres una vivienda, eso es lo que hay.
- Sí, pero esos mismos pisos, costaban hace un año 90000. Y la gente estaban haciendo cola para pillarse uno cuando yo fui a preguntar. Eso no es bueno, te lo digo yo. Una cosa no puede doblar su precio en menos de un año, y para colmo todo el mundo está invirtiendo en ladrillo. ¿Te acuerdas de Mario?, aquel hombre que estuvo trabajando con nosotros todo un año.
- Si que me acuerdo. Era ese bajito y muy moreno que manejaba el torillo. Aquel hombre mayor que no le gustaba hablar mucho.
- El mismo. El otro día me lo encontré por el centro. Iba vestido con traje y corbata y muy engominado. Me paré con él y le pregunté por cómo le iba. Me dijo que ahora era constructor y que las cosas le estaban yendo muy bien.
- Pero si no sabía ni casi leer.
- Pues para que veas. Estuvimos hablando un buen rato y me contó que vendió su casa por más del doble que le costó. Luego con ese dinero compro un solar y construyó 10 pisos que vendió por una pasta. Y ahora, ha vuelto a comprar más solares y a construir más. De hablar poco, ahora habla hasta por los codos. Y no veas lo prepotente que se ha vuelto.
- Mejor para él. Siempre fue un estúpido con dineros y sin ellos. Yo prefiero vivir tranquilo en compañía de mi mujer y de mis dos hijos. Mientras tenga para poder vivir y criar a mis pequeños diablillos, lo demás no me importa. No se necesita tanto para ser feliz.
- Tú dirás lo que quieras, pero todo el mundo se está metiendo en construir, y eso no es nada bueno. Es como poner todos los huevos en la misma cesta. Y encima los bancos dando dinero a manos llenas.
- Anda no seas pesimista. Nos encontramos en una era de bienestar. Cuando todo el mundo hace lo mismo, es porque es bueno. La gente vive mejor y más feliz. Hay trabajo por doquier y se está pagando lo que de verdad se debe de cobrar. Mira antes cuando cobrábamos a 4 euros la hora y ahora ya vamos por 6. Y toda la gente que ha entrado a trabajar aquí. Por mucho que me digas… esto no le veo el final.
- Tu sigue pensando así y veras cuando explote todo. Hazme caso. Ya se están escuchando rumores de que en Estados Unidos, se están dando créditos hasta a gente sin trabajo.
- Pero eso no puede ser, los bancos tienen controles para eso.
- Tú no me hagas caso y veras. Cuando el rio suena…
- Rinnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnng.- sonó el timbre de fin de jornada.
- Nos vemos mañana en el polideportivo y echamos unas canastas.- me dijo Daniel, mientras que nos dirigíamos hacía el aparcamiento.
- Mañana no puedo, voy a estar todo el fin de semana fuera. Les prometí a mis niños que iríamos a la montaña. Además tengo que ir a recoger el coche nuevo que me he comprado.
- Anda, yo hablándote de que no malgastes el dinero y tú vas y te compras un coche nuevo, cuando el tuyo no tiene ni 6 años.
- No me lo he comprado, se lo estoy pagando al banco y en cinco años, será de mi propiedad. Y encima me descuentan 3000 euros del precio final por entregar el mío.
- Sigue así, me encanta ver lo feliz que vives la vida. Siempre pensando en positivo y no pensando más allá del día a día.
- Hay que disfrutar lo que se pueda, que como se dice, la muerte nos llega tarde o temprano. Mientras que haya, hay que disfrutar y lo que pase mañana, ya se averiguara en su momento.- le dije mientras que me introducía en el coche.
- Bueno, nos vemos el lunes a la misma hora y en el mismo lugar.- me dijo Daniel, arrancando su coche.
- Como siempre. Dile a los demás que otro fin de semana jugaremos, pero que este es de mis niños.
- Ok entonces, nos vemos.- me respondió Daniel, saliendo disparado con su coche.
Durante todo el trayecto a casa, fui dándole vueltas a todo lo que Daniel me dijo. La verdad es que todo estaba más caro y que los bancos daban muchas facilidades a la hora de comprar una vivienda. Pero no entendía en que podría afectar el impago de alguna hipoteca o préstamo en América, a nuestra situación en España. No quise seguir pensando en eso. Tenía muchas cosas mejores en las que pensar: las vacaciones de navidad y la paga extra, los regalos de este año
para mi familia, la excursión a Sierra Nevada, mi coche nuevo… la vida no podía sonreírme más. Continuara…
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