domingo, 17 de octubre de 2010

Cantos de muerte.


                                              
Se acercaba la fecha límite para entregar los micro relatos de terror que el profesor Alfonso nos pido. La costumbre era redactarlos y leerlos en clase para que los compañeros le dieran el visto bueno. Una alumna de mi clase había escrito uno de los mejores que pude tener el placer de leer hasta la fecha. Pero por más que insistía el profesor no había manera que lo leyera en clase.
-          Haber Sofía, todos tus compañeros coincide en lo mismo, tu cuento de terror es buenísimo. ¿Por qué no lo lees?
-           No puedo me da mucha vergüenza.
-          Pues eso no puede ser, todos tus compañeros lo han leído y tú no puedes ser menos.
-          De verdad profesor, no insistas, no quiero leerlo en alto.
-          Mira si no lo lees tendré que suspenderte.
-          No serás capaz. Si lo leo en voz alta algo malo pasara.
-          Ja, Ja, Ja. Muy bueno, venga comienza a leer por favor y no nos hagas perder más el tiempo.
Comenzó con la lectura de aquel relato, suavemente y con una dulzura en cada sílaba que salía de su boca que casi era hipnótico. Obnubilados por aquella voz, solo podíamos permanecer quietos, absortos por aquella lectura. Era como si cada palabra perdiera su significado pasando a formar una sinfonía celestial. Uno a uno no pudimos contenernos de ir hacia donde se encontraba ella, como si nuestra voluntad y razón ya no nos perteneciera y entonces lo recordé; Cantos de Sirena. Aquellos que tiempo atrás hizo perder el juicio y la vida a tantos marineros. Una leyenda que advertía de la presencia de un ser que atraía a la muerte a aquel qué escuchaba su voz. Uno a uno pude ver como mis compañeros eran devorados. Aunque los gritos inundaban toda la habitación, no podía quitarme esa maléfica melodía de la cabeza. Tan bella, tan dulce y a su vez tan melancólica y desdichada era su voz. Sólo quedo yo. Aunque se cual va a ser mi destino, aquella ninfa del agua está esperando  su próxima comida. Su voz la tengo metida dentro de mí y sólo puedo ir hacer una cosa… ir hacia ella. Es la canción más bonita del mundo.

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