martes, 5 de abril de 2011

HISTORIA DE UN ASESINO A SUELDO 05/04

Con voz apagada y con un fuerte nudo en la garganta, le conté todo lo que Daniel me había explicado el día anterior. Aquella mujer me ponía de los nervios, tan sería, tan callada y con esa cara de pocos amigos. Le tuve que resultar sospechoso, pues no paraba de buscarme las cosquillas, diciéndome que si tenía que saber algo más de lo que le había contado. Que como no sabía lo que estaba ocurriendo. Que si la firma de este papel no era la mía. Con los ojos llenos de lágrimas y el tono de voz algo más alto le grite a la jueza:
-         Escúcheme bien de una vez, le digo y le repito, que no tengo nada que ver con ese hijo de puta. Es más, gracias a su estafa, mi familia y yo no podremos cobrar nada de paro. Me ha jodido la vida y usted, no para de acusarme de algo, que hasta ayer, ni siquiera sabía que había pasado. Así que hágame un favor y dígame como puedo averiguar los papeles para poder cobrar. O por lo menos, dígame que han atrapado a ese cabrón y que nos pagaran los atrasos que nos deben. Y por favor, déjeme ya de preguntar lo mismo, pues no soy ni culpable, ni cómplice, ni amigo, ni vecino, y ya ni trabajador de ese hombre. Así que déjeme ya tranquilo de una vez y haga su puto trabajo que es detener a ese sinvergüenza.- le solté todo de carrerilla, acompañando con un golpe la mesa, al final.
La jueza dejo de preguntarme, pero se ve que no le sentó nada bien aquel modo, pues me impuso una multa de 700 euros por desacato a la autoridad. Se ve que en un par de ocasiones me dijo que me callara, pero en pleno fulgor de la batalla, no la escuche.
Un día cojonudo. Después de averiguar que en el juzgado no podían hacer nada con lo mío y que tendría que esperar que saliera el juicio. Encima me costó los dineros, unos que no tenía y que como se estaban presentando las cosas, tardaría en tener. Salí de allí maldiciendo y blasfemando contra todo y todos. Hasta yo pille repaso. Todo comenzaba a torcerse.
Ese día volví a casa directo, busque una botella de whisky en uno de los armarios de la cocina, saqué una cubitera, la cual llené de hielo, una botella de dos litros de coca cola y un gran vaso. Cuando tenía todos los apaños para pasar un gran día, me encerré en mi habitación y me puse todo lo ciego que pude. Eso sí, antes mande un mensaje a mi mujer al móvil, en el cual le decía:
-         Niña, quedaos a comer en casa de tu madre, y si los niños se quieren quedar a dormir, les dejas. Que vaya tu madre al final de curso contigo, que yo no tengo ganas de na. Luego cuando vengas te cuento, pero ahora no tengo ganas de hablar. Te quiero mucho. Tráete tabaco cuando vuelvas.
Lo único que recuerdo, es de haber cogido tal cogorza, que estuve todo el fin de semana en cama sin poder moverme. Cada vez que ponía un pie en el suelo, las arcadas eran tan fuertes, que me recordaban a la escena de alíen (aquella en la que le salía del pecho el bichejo), pues sentía un dolor tan agudo en el plexo solar, que llegué a pensar que me partía en dos. Estas cosas, no pasan con dieciocho años. La cosa es que descansar todo el fin de semana me sentó fenomenal, tanto físicamente como sicológicamente. Debido a mi fiebre, vómitos y dolores en general, no tenía tiempo de pensar en mi situación y tantos días en la cama, me cargó las pilas.

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